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Pöstlberger, primer líder del Giro tras burlar a los sprinters

Apacible y soleada primera etapa y triunfo sorpresa de un austriaco desconocido

Lukas Pöstlberger celebra su victoria por delante de un pelotón que llegó a un soplo. Ampliar foto
Lukas Pöstlberger celebra su victoria por delante de un pelotón que llegó a un soplo. AFP

Lukas Pöstlberger, un austriaco joven (25 años), de nombre tan desconocido entre los aficionados al ciclismo como complicado de escribir y pronunciar, es el primer líder del Giro tras imponerse en Olbia, meta de la primera etapa, donde burló a los sprinters. El ciclista del Bora, el mismo equipo del ausente campeón Peter Sagan, fue audaz en las curvas de 90 grados que parecían sembradas al azar y sin sentido en los tres últimos kilómetros de una etapa apacible hasta entonces. Su largo ataque, nacido como un trabajo de lanzamiento a su sprinter, Sam Bennet, pudo con los trenes de los equipos rivales, desorganizados y torpes entre tanto curveo. Fue la victoria de lo que los franceses llaman un finisseur, un corredor de potencia capaz de mantener una velocidad muy elevada durante tres minutos. Los favoritos llegaron con el pelotón, a un soplo, mandados por Caleb Ewan, el australiano que ganó el sprint del grupo por delante del alemán Andre Greipel.

La etapa fue lenta y soleada, como le gustaban a Cipollini, una salida despreocupada un día de fiesta. Gozo infantil, como el viejo ciclismo. Apelotonados como sardinas al sol sardo los casi 200 ciclistas pudieron charlar, disfrutar del paisaje de la famosa costa Esmeralda, pararse tranquilos para hacer sus necesidades y aburrirse y todo. El miedo, quizás, a perecer de bostezos impulsó la fuga, que tuvo carácter de mestizaje cultural. Detrás de un italiano, representante de la vieja tradición del ciclismo, un eritreo, un albanés, un ruso y un polaco, que se pelearon a gusto por los puntos de la montaña, un maillot que da juego los días tontos. Daniel Teklehaimanot, el eritreo, conoce el valor del jersey, que le supuso en el Tour de hace un par de años una fama instantánea. En los mínimos repechos de Cerdeña buscó repetir la empresa, pero le faltaron puertos y piernas veloces. Se le anticipó en la jugada el italiano, Cesare Benedetti, que impidió también el lucimiento de Eugert Zhupa, a quien, por culpa de su apellido y del nombre de su equipo, Wilier Triestina, le ha tocado el último dorsal del Giro, el 219, asignado por orden alfabético de corredores y equipos. La maglia azul provisional de la montaña para Zhupa habría valido también para recordar que es el único albanés del Giro, y el único ciclista profesional de la vecina Albania, donde no hay tradición. El azul montañés habría cubierto algún día la feroz águila bicéfala sobre fondo rojo de su maillot de campeón albanés.

Recordando el viejo dicho de que el ciclista es la única persona que huye por un fin noble, no por cobardía o miedo, la fuga partió alegre. Pero según pasaban los kilómetros, tantos, casi 200, y las horas, tan largas, más de cinco, las risas se fueron convirtiendo en lamento. El pelotón, tan sabio, jugó con ellos como un gato con un ovillo de lana, ampliando o recortando su desventaja según le placía. Los pilotos del grupo, gentes del Lotto de Greipel, del Quick Step de Gaviria y del Orica de Ewan, calcularon cómo dar la suficiente vida a la primera fuga del Giro como para que no se animaran más para romper su calma y no pasarse de generosos para poder capturarlos en los últimos kilómetros, cuando entraron en acción los trenes de los sprinters, tan temibles. Y a su lado, estresados porque el relax ya se acabó, peleando entre codos por estar delante, los trenes que rpotegen a los favoritos, a Nairo y a Nibali, tan temerosos en los finales de los velocistas. A los sprinters los burlaría Pöstlberger; a los favoritos no les pasaría nada salvo al holandés Steven Kruijswijk, el pelirrojo de rosa del último Giro, que se quedó cortado en una curva donde los ciclistas tuvieron que poner pie a tierra tras una caída. Esperado por todo su Jumbo, Kruijswijk perdió 13s y mucha energía nerviosa.