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Decepción tras decepción: Bautista, Carreño, Ramos y Verdasco, fuera del Madrid Open

Almagro, superior a Robredo, fue el único español que superó la criba y se medirá a Djokovic

Bautista no alcanza una pelota de Karlovic.
Bautista no alcanza una pelota de Karlovic. REUTERS

Si la historia hubiese ido de escorzos, de hacer posturas imposibles y componer figuras de ballet, Roberto Bautista se hubiera llevado sin duda el premio del día, porque durante tres horas se contorsionó a la caza de los pelotazos que le enviaba una y otra vez Ivo Karlovic, el hombre que le derribó a la primera en Madrid. Sin embargo, la historia no iba de eso, sino de una especie de tanda de penaltis planteada por la derecha del croata, así que Bautista se despidió (7-6, 6-7 y 7-6). Y no fue el único. Mal día para los tenistas españoles, sin duda. Albert Ramos (6-1 y 6-3 con Diego Schwartzman), Pablo Carreño (6-3 y 6-4 ante Benoit Paire) y Fernando Verdasco (7-5 y 6-3 contra Alexander Zverev) también cogieron la puerta de salida.

“He hecho lo que he podido”, resumía con resignación Bautista, sometido por los 35 aces y los 75 golpes ganadores del interminable Karlovic, un cañón con 38 años de antigüedad. El cañón. “Jugar contra él es una moneda al aire”, describía el castellonense, que venía de firmar las semifinales en la arena de Múnich. “Creo que no he merecido perder, estoy enfadado. Le he puesto garra, piernas, resto… Todo, pero no ha podido ser. Este torneo me encanta y creo que mi juego se adapta muy bien, pero… Madrid acelera mucho el juego y eso ha beneficiado a su saque”, explicaba el número 17 del mundo.

No fue la única decepción. Fue incluso más sorprendente la repentina despedida de Ramos, quizá el tenista español –exceptuando a Rafael Nadal, claro– que mejor se desenvuelve sobre tierra batida actualmente. Finalista en Montecarlo, el catalán también firmó una buena actuación en Barcelona, donde tuvo contra las cuerdas a Andy Murray. Se espera de él, por lo tanto, en esta fase del año. E igualmente se esperaba una demostración de fuerza de Pablo Carreño, pero el asturiano tampoco estuvo fino y enfrente se topó a un excelso Paire, otro de los estilosos hijos del tenis francés. Y el último en caer fue Fernando Verdasco, derrotado ya de noche por el alemán Zverev (7-5 y 6-3).

Fue una jornada a contracorriente, de esas torcidas, porque solo un español consiguió el pasaporte. Y lo hizo, no podía ser de otro modo, apeando a un compatriota, el veterano Tommy Robredo: 6-3, 3-6 y 6-1 a Nicolás Almagro, feliz con su reciente paternidad. “Si por mí fuera, programaba todos los partidos a las nueve de la mañana y me iba a pasear con mi hijo. Pero como no depende de mí”, decía el murciano, al que le espera un reto tan dificultoso como apetecible, porque si hay un momento en el que se le pueda hincarle el diente a Novak Djokovic es este.

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