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Benzema e Higuaín: Cazar con gato

Aquellos dos delanteros de corte minino, según Mourinho, se han convertido en las puntas de lanza de los actuales finalistas de la Champions

Karim Benzema, este miércoles ante el Atlético.
Karim Benzema, este miércoles ante el Atlético. EFE

Fueron años locos, confusos. El madridismo se revolvía incómodo ante la incapacidad manifiesta de combatir aquella plaga mediterránea de tenaces messiniestas que escondían la pelota por vicio y cerraban todas las puertas con llave. Los más optimistas fiaban su fortuna al péndulo invisible que marca los ciclos en el mundo del fútbol mientras que los agoreros, siempre en silencio y al calor de una confortable intimidad, sopesaban los pros y contras de reconocer, sin paños calientes, la realidad del holocausto. Así fue, y no de otra manera, como se forjó la llegada de José Mourinho al Real Madrid, autorizado por un deslumbrante palmarés e investido con los poderes que otorgan las medidas desesperadas.

Pese a cierta impresión, tan extendida como impostora, de que el técnico portugués puso fin a la hegemonía blaugrana e instauró un nuevo tiempo, lo cierto es que el antaño noble y bélico adalid terminó convertido en un cadete perverso, una especie de adolescente consentido que siempre encontraba justificación para no reconocer sus errores. El club entero se esculpió a imagen y semejanza de aquel profeta furioso que un día se quejaba de los calendarios, al siguiente denunciaba un contubernio internacional urdido por Unicef y en medio ajusticiaba a un par de soldados propios. En cierta ocasión, empeñado en desviar la responsabilidad de los malos resultados hacia los despachos del Bernabéu, soltó aquella frase gloriosa que, por justicia, ya forma parte de la historia universal del LOL: “A principio de temporada dije que sería una temporada difícil con solo Benzema e Higuaín. Si no tienes perro para ir a cazar y tienes gato, pues vas con el gato… Solo no puedes ir”.

Cierto es que han pasado varios años y muchas cosas han cambiado desde entonces, incluida la fisonomía de un Gonzalo Higuaín que ahora luce robusto y sonrosado, el sueño confeso de cualquier abuela de aldea. No quisiera insinuar ningún tipo de justicia o maldición pero lo cierto es que mientras Mourinho acumula varios tropiezos consecutivos, rodeado al gusto de tanquetas de guerra como Diego Costa o Zlatan Ibrahimovic, aquellos dos delanteros de corte minino se han convertido en las puntas de lanza de los actuales finalistas de la Liga de Campeones. En el caso concreto de Karim Benzema, su insolente calidad lleva imponiéndose a los análisis más cortoplacistas desde hace demasiado tiempo, y espero que entiendan el uso del pronombre indefinido como el grito desesperado de un envidioso aficionado rival.

De la mano de Ancelotti y ahora con Zidane, el francés se ha destapado como el delantero ideal para cualquier equipo que otorgue al balón la importancia que se merece. Son muchos los que opinan que Benzema no es un nueve al uso y, en parte, podría darles la razón. Además del oficio de atacante, Karim domina también las artes del mediocampo y la cal, cultiva la prosa y el verso, asalta bancos a cara descubierta, pesca con mosca y es capaz de besar a las hijas del sheriff en cada una de las películas que protagoniza. Su heterodoxia desnuda cualquier debate pervertido por el uso de estúpidas aplicaciones tecnológicas y un lenguaje incomprensible. Su despliegue, siempre majestuoso, se empeña en remitirnos a las únicas verdades demostrables que un servidor conoce sobre el negocio y la vida misma: el fútbol pertenece a los buenos futbolistas, y la nueva civilización a los gatos.