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“Antes, los Boca-River no eran tan agresivos”

Sentados en la mesa de un bar de Buenos Aires, dos hinchas vitalicios repasan la historia del superclásico

Daniel y Néstor, una charla entre caballeros. Ampliar foto
Daniel y Néstor, una charla entre caballeros. Diego Paruelo

Los hombres llegan primero, aunque por separado, al bar de la esquina. Visten de civil, normal. Sin identificaciones de ningún tipo. Sin embargo, se reconocen enseguida y sin necesidad de que alguien los presente. Uno es Daniel, socio de Boca número 5.464; el otro, Néstor, socio de River número 14.685. Han visto casi 200 Súperclasicos cada uno y EL PAÍS los juntó en una charla acerca de la historia del superclásico, la gran pasión argentina que se jugó por primera vez en 1913, en la cancha de Racing, y que tiene otra edición este domingo, cuando los equipos más grandes de Argentina se vean las caras en La Bombonera. Los hombres no esperan el café para largarse a hablar entre ellos y desplegar camisetas y recuerdos. Al los pocos minutos, un recuerdo pisa al otro y se invocan las almas de jugadores, entrenadores y hasta presidentes.

Los ídolos de Daniel

. Eliseo Mouriño: Surgido en Banfield, fue pieza fundamental del equipo campeón de Boca en 1954, que cortó con una larga sequía de títulos. Falleció en la tragedia aérea del Green Cross chileno.
. Angel Clemente Rojas “Rojitas”: Jugó 10 años en Boca y conquistó 5 títulos. En total, disputó 222 partidos y convirtió 79 goles. Finta y quiebre de cintura excepcionales. Se lo considera uno de los mentores del estilo argentino. Hoy tiene 71 años.
. Martín loco Palermo: Es el máximo goleador en la historia del club, con 236 tantos, y conquistó 6 títulos nacionales y 8 internacionales. El club le regaló uno de los arcos de La Bombonera cuando se retiró. Hoy tiene 43 años y es el entrenador de Unión Española de Chile.

“Soy socio de Boca desde los 6 años porque soy nacido y criado en La Boca y toda mi familia es xeneize. Viví a una cuadra y media de La Bombonera y cuando yo nací la estaban refaccionando”, cuenta Daniel Veri, un exfuncionario de 72 años que hoy está jubilado. “Iba bien temprano a la cancha y así podía ver a la tercera, la reserva y recién después la primera. No sacaba entrada porque era socio y entraba directamente, sin pagar ningún tipo de adicional, como ahora; y si jugábamos de visitante, íbamos en camiones que eran fáciles de encontrar porque antes en el barrio había un café o un club en cada esquina y ahí paraban”, recuerda.

“Toda mi familia es de San Lorenzo, pero mi mamá siempre me dijo que cuando era chico y no sabía hablar y me preguntaban de que equipo era, yo respondía ‘a plei’. Lo que quería decir que era River Plate”, dice Néstor Lépore, contador y docente universitario, también jubilado. “De pibe iba los domingos a las 6 de la mañana a la UES (Unión Estudiantes Secundarios) de la cual era socio. A las 8 llegaba un tipo en motoneta por una de las puertas. Era el presidente Juan Domingo Perón, que venía a preguntarnos como estábamos. Cuando él se iba, tomábamos el desayuno gratis con facturas y a las 10, la comida. De ahí me iba caminando a la cancha de River, veía la cuarta especial en las canchas auxiliares y luego reserva, tercera y primera”. Ir a ver a River para mí era excepcional”, añora.

Los clásicos que recuerdan

08/11/1952. Gana River 3 a 1 con dos goles de Walter Gómez y uno de Lousteau, olímpico. Borello convirtió el de Boca.
09/12/1962. Gana Boca 1 a 0 con gol de Valentim de penal. Antonio Roma le atajo otro penal al delantero de River, Delem.
31/10/1954. Gana River 3 a 0 con dos goles de Labruna y uno de Walter Gómez. El arquero de River, Amadeo Carrizo, le tiró tres fintas al delantero de Boca, Borello.
22/12/1976. Gana Boca 1 a 0 en cancha de Racing con gol de Suñé. Las hinchadas se ubicaron una arriba de la otra.
15/10/1972. Gana River 5 a 4 en cancha de Vélez. El Puma Morete y Osvaldo Potente fueron los goleadores de ambos equipos con dos goles cada uno.
24/05/2000. Gana Boca 3 a 0 y elimina a River de la Libertadores en La Bombonera, con goles de Delgado, Riquelme y Palermo, que volvía de una larga lesión.
30/03/2014. River gana 2 a 1 luego de 10 años sin victorias en La Bombonera. Lanzini para River, Riquelme para Boca y Ramiro Funes Mori convierte el gol agónico a los 87 minutos.

Por momentos conversan entre ellos. Cronista y fotógrafo pasan a ser un elemento decorativo del Bar de Cao, un antiguo y pintoresco café de Buenos Aires, todo revestido en madera. También aparecen las chicanas. Daniel le recuerda a Néstor el descenso de River de 2011, Néstor le responde con el episodio del gas pimienta, en 2015. Ambos se reconocen víctimas de la tradicional “lluvia dorada” (orinar sobre otro) que sufrieron cuando les tocó tener a la otra hinchada arriba de sus cabezas. Se espetan partidos que marcaron lunares en sus memorias. Se ríen a carcajadas cuando descubren que ambos estuvieron en el estadio. Cada uno en su tribuna, frente a frente, como lo están ahora. Coinciden en muchas cosas, fundamentalmente, en que el superclásico es el partido “más espectacular” del mundo. También en que el fútbol argentino ha cambiado mucho.

“Yo soy más rival ahora de Boca que antes. Porque hoy hay una gran influencia del periodismo, que insufló mucho la rivalidad así como crea otras cosas. Por ejemplo, ¿quién lo suspendió a Messi? Un camarógrafo argentino. Los medios y, ahora también, las redes sociales influyen mucho en el espíritu de la gente y nos va consustanciando en una agresividad de unos a otros que antes no teníamos”, reflexiona Néstor. Los superclásicos de antes tenían de todo y fueron conformando el folclore del fútbol argentino. Al principio fue un canto hiriente, que no sólo se metía con los colores rivales sino también con sus madres y hermanas. La transgresión a eso fueron las banderas, una costumbre que también compartió el rock. El mensaje escrito refinó la ironía. Le siguieron verdaderos shows humorísticos. Si el partido era en Boca, los xeneizes soltaban una gallina adentro del campo de juego; si era en River, los millonarios hacían lo mismo, pero con un cerdo enjabonado que se convertiría una presa demasiado ágil para los policías, despertando las risas de ambas parcialidades. Pero, ¿cuándo fue que el folclore se transformó en violencia?

Los ídolos de Néstor

. Angel Labruna: El máximo ídolo de la historia de River. El que más goles metió en el club (542), en los clásicos (16) y el segundo del fútbol argentino (293), solo dos tantos menos que Arsenio Erico. El Monumental tiene en la puerta una estatua de él de 7 metros.
. Norberto beto Alonso: En los años 70 fue parte de la trilogía de “números 10” de Argentina junto a Maradona y Bochini. Campeón del mundo con Argentina en 1978. A River le dio su primera Libertadores.
. Ariel burrito Ortega: Uno de los jugadores más queridos por la afición. Jugó 87 partidos con la selección (tres mundiales) y anotó 17 goles. Ganó otra Libertadores con River.

“Yo creo que ese límite se pasó cuando las hinchadas empezaron a llevar armas de fuego al estadio. Hace pocos años murió Quique Ocampo, cuya familia tiene una parrilla famosa enfrente de la Bombonera y durante años fue el capo de la hinchada de Boca. En su época las barras se peleaban a mano limpia pero cuando vio que la cosa se ponía más pesada se alejó de la cancha”, asegura Daniel. “Antes había una confraternidad muy grande con la gente de Boca, no puede ser que vivamos en una agresividad tan grande. No puede ser que yo lo vea a él –señala a su colega- y no lo salude. Es una falta de consideración muy grande”, completa Néstor.

La conversación se va por otros carriles, los hombres ríen y se entregan a la confianza. Beben sus cafés hasta que el sol se retira. Néstor le ofrece abrigo a Daniel y éste termina la tarde con un obsequio especial. Por un rato se olvidan de sus edades y juegan. Al menos por un instante, Daniel se pondrá en la piel de Fernando Gago y Néstor en la de Leonardo Ponzio, capitanes de Boca y River. Se dan la mano y esperan unos segundos hasta que los apunta la cámara. Entonces, Daniel Gago le entrega a Néstor Ponzio  un banderín de Boca. Le sigue un fuerte abrazo que incluye palmadas en la espalda y más carcajadas. Es el fin del juego: los futbolistas no se demostrarían tanto afecto.

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