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Cuarta victoria de Gaviria, emperador del sprint

La última etapa llana del Giro consagra definitivamente al velocista colombiano, que remonta a nueve corredores en 150 metros

Giro Italia 2017 Ampliar foto
Gaviria, ganador en Tortona de su cuarto sprint en el Giro. AP

Después de Tortona, donde el colombiano ganó su cuarto sprint del Giro, muchos dirán "póker de Gaviria", como si el ciclismo fuera un juego de azar. El ciclismo es un combate y es una música. Nos música de baile ni de acordeón, como reclama la llanura padana, melancólica en primavera y dura en verano. El ciclismo es boxeo y el sprint es un reggaetón, una canción de Nicky Jam, El ganador, la que siempre oye Gaviria, la que le acelera, la que le describe, la que hace que el instante adquiera valor. El instante es el final de la remontada, la victoria, el boom que, por fin, le hace abrir los brazos como un emperador. Seis sprints ha tenido el Giro, cuatro los ha ganado Gaviria, de 22 años, debutante imbatible.

A Gaviria, tan joven, tan dotado, se le esperaba en el Giro desde hace dos años y medio, desde que recorrió el mundo un vídeo de una etapa del Tour de San Luis, en Argentina, en el que se veía a un colombiano casi niño y desconocido, de 20 años y barbilampiño, lanzado y velocísimo, derrotar nada menos que a Mark Cavendish en un sprint, y al día siguiente, en otro. En la San Remo de 2016 se cayó en el último kilómetro, cuando ya afilaba el cuchillo de la victoria, y en otoño, en la París-Tours, reinventó el sprint, con una aceleración tremenda a 600 metros de la meta, y ganó. También ha ganado en Tortona un sprint imposible, en el que la parte del boxeo tan propia de una llegada así, corrió a cargo de su lanzador, el argentino Max Richeze, que primero se las tuvo con el alemán del Bora Selig. "No sé qué tiene contra mí o qué me quiere pero siempre que paso a su lado, se me echa encima", dice Richeze del peón del tren de Sam Bennet. El argentino, que había perdido a Gaviria en la curva de los 400 metros, después siguió peleando: con dos buenos golpes y contragolpes, se deshizo de Caleb Ewan, perdió los pedales y abrió un hueco junto a la valla al colombiano, que reinventaba de nuevo el sprint con una remontada imposible. Gaviria salió de la curva de entrada al Corso Cavour totalmente desconectado de la llegada. Tenía a una docena de corredores lanzados delante y un hueco de dos bicicletas antes de la primera rueda trasera en la que apoyarse. Lo consiguió en un suspiro, y en un abrir y cerrar de ojos, gracias a su magnífica capacidad no solo para alcanzar rápido una gran velocidad sino también para mantenerla e incluso incrementarla, superó a todos los demás velocistas, a Bennet, segundo, a Stuyven, tercero, que de repente parecían figuras paralizadas a su lado. "Qué suerte que Gaviria no venga al Tour", había tuiteado antes Cavendish. "Así los demás tendremos una oportunidad de ganar algo".

El Giro llega a los Alpes

La de Tortona, provincia de Alessandria, en Piamonte, a dos pasos de Castellania, el pueblo de 90 habitantes en el que nació Fausto Coppi hace 98 años, fue la última oportunidad de sprint de un Giro que el sábado entra de pleno en la montaña. Se llega a Oropa, donde Indurain vivió una crisis de alergia que por poco le cuesta el Giro del 93, antes del pinganillo. Le salvó un poco su director, José Miguel Echávarri, que se saltó la prohibición del director de carrera de llegar en coche a su pupilo y darle un único mensaje: tranquilo, que aunque no le veas porque hay muchas curvas, Ugrumov, el que quiere ganarte el Giro, no te saca ni un minuto. Media docena de años después, las mismas rampas de Oropa --un puerto como una escalera: escalones y descansillos--, Pantani hizo su última gran exhibición: después de sufrir una avería a pie de puerto, remontó solo a todo el pelotón, le adelantó, le dejó atrás y ganó la etapa, y remachó un Giro que nunca ganó. Cinco días después, los comisarios le expulsaron de carrera: su hematocrito superaba el límite permitido.

"Es una subida que se me da bien, espero mantener la maglia rosa", dice el líder del Giro, el gigante rodador holandés Tom Dumoulin, que aventaja en 2m 23s al segundo, el escalador colombiano Nairo Quintana. Comienza el Giro del ataque obligatorio y la defensa cerrada. Dumoulin, más delgado que nunca, quizás demasiado tiempo en su mejor forma para poderla mantener en la tercera semana, cuenta a su favor con la experiencia de haber vivido, y haber perdido, una situación similar en la Vuelta de 2015 y con una contrarreloj llanísima entre Monza y Milán, 30 kilómetros el último día. Nairo es el mejor escalador del momento, ha ganado ya un Giro complicado, el de 2014, y le dirige Eusebio Unzue, quien, cuando dirigía a Indurain sabía lo que le hacía sufrir al gigante navarro, aparte de la alergia: el acoso constante, la intranquilidad, las emboscadas, el desgaste del día a día. La etapa de Oropa (131 kilómetros) es corta y llana hasta Biella, donde comienza la subida, corta (lo más duro no son más de seis kilómetros) y con pendientes máximas del 13%.

Entre los pretendientes con Nairo (Nibali, Mollema, Pinot...) ya no está el galés Geraint Thomas, que no tomó la salida el viernes. Thomas, herido en la caída previa a la ascensión al Blockhaus el domingo pasado, es el cuarto líder del Sky que se retira en el Giro, la carrera maldita del equipo inglés: en 2013 fue Wiggins, el 14 lo corrieron sin pretendiente, el 15 sufrió y perdió Porte y el 16, Mikel Landa.