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Nadal, ante su propio mito

Avalado por la estadística, la historia y su formidable trayectoria en esta edición, el balear aspira a recuperar el trono parisino tres años después de su último éxito. Wawrinka, el escollo en la final

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Nadal, durante el partido de semifinales contra Thiem. Getty

En la intimidad de la pista 3, menos expuesta que otros espacios de entrenamiento, Carlos Moyà pedía un botellín de agua e invitaba a Rafael Nadal a finalizar la sesión, porque el calor de mediodía apretaba en París y el ganador de 14 grandes ya había superado la hora límite. Se había ejercitado durante algo más de hora y media en la vigilia del asalto a su décimo título en Roland Garros, que este domingo puede ser el escenario (15.00, Eurosport y Telecinco) de una de las epopeyas más esperadas en la historia del tenis y el deporte, porque el fenómeno Nadal no entiende de fronteras y trasciende de una cancha de tenis tanto por la dimensión del protagonista como por la magnitud de la hazaña que tiene delante, con Stan Wawrinka de por medio.

Está el español a un solo paso del hito, de alzar su décima Copa de los Mosqueteros, de un objetivo que hace no tanto se antojaba impensable y hoy día, en los prolegómenos de la gran final, parece difícil que se le pueda escapar de las manos. Llega Nadal avalado por los números y su propio relato en París, que cuenta que en la inmensidad de la Chatrier solo dos jugadores –Robin Soderling y Novak Djokovic– han podido con él en los 12 últimos años; el resto, 78 citas, las cuenta por victorias. Le avalan además los excepcionales números que ha dejado su recorrido en esta edición, en la que ha cedido menos juegos que nunca (29) y no ha entregado un solo set, al igual que en 2007, 2008, 2010 y 2012. Entonces, siempre ganó.

Todo predestina a un triunfo de Nadal, quien asume la situación con una naturalidad pasmosa, fuera de lo normal, aferrado a su día a día y al trabajo, porque no hay nadie que tenga más fe en sí mismo que él. Está además estos días arropado por su círculo más íntimo, prácticamente al completo. Este sábado, durante la sesión preparatoria, se entremezclaron con los periodistas su padre, Sebastià; su agente, Carlos Costa; el responsable de comunicación, Benito Pérez-Barbadillo; su hombre de Nike, el catalán Jordi Robert, Tuts; su médico, Ángel Ruiz-Cotorro; y también se dejó ver en la grada el futbolista Fernando Llorente, que mantiene una estrecha amistad con él, al igual que el baloncestista Pau Gasol, al que se le podrá ver otra vez animándole.

Nadal parte con el cartel de favorito, condición que no rechaza porque, dice, es el mejor de los síntomas. “Las sensaciones son perfectas. Ha llegado preparado, en su mejor momento”, describía Toni en medio de una maraña de periodistas que ha aumentado significativamente en los dos últimos días, cuando comenzó a olerse el éxito. “Está mejor que en Montecarlo, Barcelona o Madrid. Juega de memoria”, resalta el barcelonés Francis Roig, otro de sus técnicos.

Menor desgaste y 15-3 en los precedentes

“Conseguir un décimo título sería una barbaridad, como lo es ya el hecho de tener nueve. Pero sí, tener 10 sería una cifra simbólica; cuando tienes ocho quieres nueve y cuando tienes nueve, quieres 10; si lo consigue, el próximo año querrá el 11… Rafa es así”, ampliaba Moyà, que a su vez alertaba de la peligrosidad de Wawrinka: “Todos conocemos su revés y es muy agresivo, aunque Rafa tiene sus armas para afrontarlo”. Y añadía Toni: “No es un buen cliente, pero diríamos lo mismo si hubiera sido Andy Murray”.

Llega al episodio definitivo menos erosionado que el helvético: 10 horas en pista frente a 15h 20m

Camina el suizo de puntillas, pero como ya hiciera hace dos años, cuando se proclamó campeón en el Bois de Boulogne, está en disposición de reventar los pronósticos y hacerse con su cuarto major. En 2014, último año en el que se coronó Nadal en París, ya le arrebató al balear un trofeo del Open de Australia, pero entonces el mallorquín jugó lastrado por una lesión en la espalda. Melbourne aparte, el de Lausana solo ha sido capaz de batirle dos veces más, en Roma (2015) y París-Bercy (2015); el resto de cruces, 15, cayeron siempre del lado de Nadal, que además llega al episodio definitivo menos erosionado que el helvético: 10 horas en pista frente a 15h 20m.

“No es fácil llegar a 10 finales en este maravilloso torneo. Es un orgullo haberlo conseguido, pero si lo he podido conseguir yo, otra persona puede venir y hacer lo mismo”, rebaja Nadal. “Mi número favorito siempre ha sido el nueve, pero está claro que prefiero tener 10 Roland Garros”, remata el de Manacor, que este domingo se presenta como el jugador que más puntos ha obtenido con segundos servicios (76%) y el más prolífico desde la línea de fondo (60%) en este torneo. Reclama el trono perdido Nadal, el irreductible gobernador de la arena, y palpita mientras París, deseosa de que el rey vuelva por sus fueros.

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