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Cuando Tiger abría un campo de golf al día

El número de golfistas y de lugares de juego desciende en EEUU desde que se inició el declive de Woods

Tiger Woods, en enero pasado en San Diego.
Tiger Woods, en enero pasado en San Diego. US PGA TOUR

Para entender lo que significa Tiger Woods se puede hablar de Jay Don Blake y Heath Slocum. Blake, estadounidense, fue el golfista número 100 del mundo al final de 1995, el último año antes de que Tiger se hiciera profesional y cambiara la historia. Ese curso, Blake ganó 333.000 dólares. Slocum, también estadounidense, fue el número 100 al final de 2008, el año en el que Woods logró el último de sus 14 grandes. Se embolsó 1,5 millones, cinco veces más que Blake. En ese periodo, el dinero en premios que repartió el circuito estadounidense pasó de 100 a 292 millones. Los golfistas con más de un millón en ganancias se multiplicaron por 10…

El golf está dividido en antes y después de Tiger. Seguramente nadie ha impulsado un deporte como lo hizo Woods en cada detalle: la preparación física, técnica y mental, los ingresos televisivos, el patrocinio… Woods se inventó el golf profesional. Ya no era un juego sino un deporte global. De esa huella se beneficiaron las generaciones posteriores. De ahí que ahora, con Tiger humillado después de su detención por conducir en malas condiciones, el mundo del golf pida respeto para su dios.

“¿Por qué no ayudarlo de la misma manera que él nos inspiró?”, pregunta el alemán Martin Kaymer, ex número uno. “Es asqueroso que la gente le patee cuando todavía está en el suelo. Él inspiró a niños, a adolescentes, nos inspiró a todos. Queremos verle feliz y volviendo a jugar”. Jack Nicklaus, el hombre de los 18 grandes a quien Tiger quería batir, también se alista a su lado: “Soy su amigo. Me siento mal por él. Necesita el apoyo de mucha gente. Y yo seré uno de ellos”.

“Quiero pensar que ya ha tocado fondo”, comenta Gonzalo Fernández-Castaño, que también vive en Florida. “Los grandes campeones se ven en la adversidad. Es momento de estar agradecidos a Tiger y darle nuestro apoyo, no machacarle. Da pena ver los vídeos. Hay que poner en perspectiva todo lo que ha hecho por el golf y por el deporte. Ha sido y es un referente. Deseamos que vuelva. Quienes le hemos visto en plenitud sabemos que es único. Es de largo el mejor. Jugaba a otra cosa. No estaba al alcance. Ojalá vuelva porque el golf sin él no es lo mismo. Los torneos son diferentes, el ambiente. Tenía esa aura especial”.

El golf no es lo mismo, no. De 1995 a 2008, en Estados Unidos se abrieron 4.000 campos nuevos de golf. Es decir, casi un campo inaugurado cada día durante la época de Tiger. Y el 30% de los campos construidos en toda la historia del país. El número de jugadores saltó de los 24 millones de ese año anterior a su llegada a los 30 millones en 2005, con Woods en la cumbre. Pero desde que dejó de ser el mejor… El año pasado el número de campos en EE UU bajó en 143. La cifra de jugadores ha vuelto a niveles de hace 20 años. Según la National Golf Foundation, 200.000 personas de 35 años o menos dejaron en 2016 de jugar al golf. La cantidad de rondas disputadas fue la más baja desde 1995.

Tiger, tras ser detenido.
Tiger, tras ser detenido. REUTERS

El efecto Tiger se ha diluido. A los 41 años, el físico le tortura. Ha sido operado cinco veces de la rodilla izquierda y cuatro de la espalda. Hoy no puede jugar. Lleva a sus dos hijos al colegio y dice que “no hay prisa” por volver. No hay rastro del jugador que fue. “Es muy triste lo que le ha pasado a Tiger”, explica Robert Lusetich, autor de un libro sobre Woods. “Fue una vez el deportista que tenía más control sobre sí mismo y ahora lo ha perdido. Creo que tiene un problema con las pastillas contra el dolor”. En 2009, cuando se desató el escándalo de infidelidades que cambió su vida y su carrera, la mujer de Tiger dijo a la policía que tomaba Vicodin, un calmante, y Ambien, para dormir. “Tiger perdió pie psicológicamente. La adicción a los opiáceos es un problema muy grave en América. Es muy fácil conseguir calmantes y él ha tenido tantas operaciones que es más sencillo para él que un doctor se los recete. Ya vimos lo que pasó con Michael Jackson y Prince. Lo que ha pasado con Tiger es un grito de ayuda. Debería estar en rehabilitación. No necesita a abogados ni a su representante minimizando el daño público a su imagen. Es demasiado tarde para eso. Todo el mundo ha visto la foto policial. Espero que no sea así como le recordemos”.

Tiger fue número uno 683 semanas. Más que los cinco siguientes en la clasificación juntos (Norman, Faldo, McIlroy, Ballesteros y Donald). Hoy está en el puesto 876. “Yo pensaba que iba a volver y arrasar de nuevo”, dice Sergio Gómez, mano derecha de Chema Olazábal y una enciclopedia del golf. “Es 10 veces el mejor que he conocido, por su fuerza moral, capaz de ganar un grande con la pierna colgando. Pero ese jugador que llegó con un 7% de grasa y que llevó a los demás al gimnasio se ha visto mal físicamente y eso ha conducido a lo otro. Se ha quedado solo y no lo ha superado. Ahora, cada día que pasa es como un año para no volver”.

Tiger hizo del golf lo que es hoy. El golf quiere devolverle al menos una parte.