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Cristiano, a los leones

El portugués, dicen, se quiere ir. Y su cólera se dirige tanto contra la fiscalía que le acusa de fraude como contra su equipo del alma, el Real Madrid, que al parecer no le ha ayudado como merecía

Florentino Pérez y Cristiano en el acto de la renovación del jugador, en noviembre de 2016.
Florentino Pérez y Cristiano en el acto de la renovación del jugador, en noviembre de 2016. EL PAÍS

Dicen que dice Cristiano Ronaldo que se quiere ir del Real Madrid. Así lo aseguró el periódico portugués A Bola en su edición del viernes. “Ronaldo quiere abandonar España”, se podía leer en la portada del rotativo, que añadía otros detalles como que la decisión “es irreversible y ya ha sido transmitida al presidente del Real Madrid”. Los motivos de tan repentina huida hay que buscarlos en que “el mejor jugador del mundo (así lo califican ellos y para gustos los colores) está indignado con la fiscalía española”, que le acusa de defraudar 14,7 millones de euros al no haber cotizado como manda la ley parte de sus derechos de imagen. Pero la cólera de Cristiano no se dirige en exclusiva al ministerio público acusador, sino que, según él mismo transmitió de viva voz a sus compañeros de selección, también va contra su equipo del alma, el Real Madrid, que al parecer no le ha ayudado como merecía en este espinoso asunto. He aquí un aspecto del problema que a este que les escribe trae a mal traer. ¿Qué culpa tiene el Madrid de todo esto? Uno se imagina, pues la imaginación todo lo puede, defraudando al Estado 14,7 millones y, una vez pillado, transmitiendo a los compañeros y compañeras de la Redacción su indignación no solo con los inspectores de Hacienda, que no tienen otra cosa que hacer que pillar a este su conciudadano, sino también con la dirección en pleno de este periódico, sí, sí, la dirección, que anda que ya les vale no arreglarme este asuntillo.

Pues así está Cristiano, encolerizado, abatido, mohíno, traicionado al parecer por ese Real Madrid a quien tanto quería y a quien tanto ha dado. Y al que quiere abandonar. Se desayunó con esta noticia Florentino Pérez el viernes, justo el día, cosas del destino, en el que se convertía en candidato, único candidato, a la presidencia del club. Presentó el señor Pérez la documentación pertinente y ayer se cumplió el plazo legal sin que apareciera ningún otro aspirante. A ello contribuyó, sin duda, el exitoso devenir deportivo del equipo. Pero también debió influir el hecho de que quien guardara esperanzas de acceder a tan noble puesto estaba obligado a depositar un preaval personal de 94,5 millones de euros. Y aunque resulte raro, dada la extraordinaria marcha de este país, no parece que haya gente, al menos en el madridismo patrio, que tenga esa cantidad de dinero y esté en disposición de arriesgarlo.

Así que la primera tarea de Florentino Pérez como nuevo (¿?) presidente del Madrid es la de convencer a CR de que dé marcha atrás, se desmohíne y vuelva a sacar brillo a ese 7 rutilante que luce en su espalda. Sus cuitas fiscales quedan ahora en manos de un juez, que será el que decida las medidas a tomar. El jugador, con contrato en vigor y cuya cláusula de rescisión asciende a 1.000 millones de euros, podrá intentar forzar su salida del Madrid. Todo ello bajo el asesoramiento de quien bien le quiere, Jorge Mendes, curiosamente el también representante de Pepe, Di María, Coentrão, Carvalho o Falcao a quienes, amén de su condición de futbolistas, une la de haber sido perseguidos por el fisco.

Se indigna Cristiano porque considera que se le trata como a un delincuente, como antaño al parecer se trató a Messi. El delito de Messi y el supuesto de Cristiano fue no haber pagado lo que debían en un país en el que hay miembros del partido que nos gobierna que se han llevado lo que no era suyo. Son asuntos distintos, pues, por lo que hay que tener mucho celo en las acusaciones que se vierten, no sea que a quienes opinamos a la ligera nos espeten aquello que Mariano Rajoy achacó el otro día a sus adversarios en el Parlamento: “¿Ustedes piensan antes de hablar o hablan tras pensar?”. Pues eso.