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La rendición de Armstrong

El ciclista tejano acepta sin más pelea la sanción a perpetuidad que le impone la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, que le desposee además de sus siete Tours

Armstrong, en mayo de 2011. / TIZIANA FABI (AFP)

En un largo comunicado emitido esta madrugada, Lance Armstrong, el ciclista que marcó una época al ganar siete Tours de Francia seguidos, utilizó términos que no cuadran con su vida de peleón irredento, dentro y fuera de la carretera, términos como “pasar página”, que huelen a rendición, a impotencia. En su comunicado, que dio inicio a un largo día “triste”, según el director de la Agencia Antidopaje de EE UU (USADA), Travis Tygart, Armstrong anuncia que no habrá batalla jurídica, que no se defenderá de los cargos de dopaje continuado a lo largo de toda su carrera desde que regresó tras vencer al cáncer, en 1998, con que le acusa la USADA. Al renunciar a la vista ante un tribunal arbitral, Armstrong, de facto, acepta la acusación (aunque la niega vehemente en el texto de rendición), lo que significa que acepta también el castigo que conlleva, la suspensión a perpetuidad y la anulación de todos sus resultados logrados desde 1998 hasta 2011, incluidas las perlas de su corona, los siete Tours de Francia (1999-2005), que le convirtieron en un ciclista único, y también en el símbolo de los años más duros en la historia del ciclismo, los años victoriosos de la EPO.

Cronología del caso

12 de junio. La Agencia Antidopaje Estadounidense (USADA) notifica a Armstrong que abre un procedimiento sobre él porque le han llegado informaciones de que usó sustancias prohibidas. El exciclista contesta con un comunicado en el que describe las acusaciones como “sin base”. Toda la información es enviada la Junta de Revisión Antidopaje, que es el que debe decidir si se continúa con la investigación.

29 de junio. La Junta recomienda por unanimidad a la USADA que presente cargos contra Armstrong.

9 de julio. El exciclista presenta una demanda en la que solicita que la USADA no pueda continuar con el caso. Ese mismo día, el juez rechaza su petición y considera el escrito presentado por sus abogados “largo y […] polémico” en lugar de “[un relato] corto y detallado de los hechos”.

10 de julio. Tres antiguos colaboradores de Armstrong son sancionados de por vida por su implicación en una trama dopante: los doctores Luis García del Moral y Michele Ferrari y el preparador Pepe Martí. Ese día, el ciclista vuelve a presentar una demanda para detener la investigación.

11 de julio. La USADA le da al excampeón 30 días más para responder a las acusaciones de que usó productos prohibidos. 

20 de agosto. Un juez federal falla contra Armstrong y su petición de bloquear la investigación.

23 de agosto. El excampeón anuncia que ya no luchará contra los cargos que le imputa la USADA. El organismo anuncia que eso significa que pierde todos sus títulos y premios desde el 1 de agosto de 1998: siete Tours y un bronce olímpico.

Por el mismo caso, la USADA ya había sancionado a perpetuidad a otras personas a las que acusaba de participar en la trama de dopaje de Armstrong: los médicos Michele Ferrari y Luis García del Moral, y el preparador físico Pepe Martí. Otras dos personas acusadas, el técnico Johan Bruyneel y el médico Pedro Celaya, continúan con su batalla legal. “Y solo cuando todo el caso se haya cerrado haremos público todos los documentos sobre el caso”, dijo a la web Velonation Tygart. Todas las evidencias utilizadas para la acusación, fundamentalmente las acusaciones de otros compañeros en los equipos en los que estuvo y de personal del entorno, han estado cubiertas hasta ahora por la protección del anonimato. En cierta medida, la rendición de Armstrong, el hecho de que ya no haya un procedimiento arbitral, evitará que salgan a la luz muchas acusaciones concretas y los testimonios reales de los testigos de cargo y de defensa.

La renuncia de Armstrong se produce pocos días después de que un tribunal federal de Tejas le cerrara la última puerta para evitar comparecer ante los árbitros de la USADA al rechazar su recurso contra la competencia de una agencia nacional para juzgarle por unas acciones de carácter internacional. Para Armstrong, el organismo que debería haber actuado contra él es la Unión Ciclista Internacional (UCI): el que esta no lo hiciera significaba, según la lógica de Armstrong, que no había motivos para acusarlo de dopaje y de incitación al dopaje, los cargos por los que será castigado, y que la acción de la USADA no era sino una pura caza de brujas, tanto por estar dirigida individualmente contra él como por los métodos utilizados.

La caza, de haber existido, duraba años. En agosto de 2005, pocas semanas después de que desde lo alto de su séptimo podio en los Campos Elíseos, Armstrong, que contaba entonces con 34 años, anunciara su retirada, el diario L’Équipe logró hacerse con el resultado de unos análisis efectuados a posteriori en su orina congelada del Tour del 99, su primera victoria. El resultado era positivo por EPO. Fue la primera información que ligaba a Armstrong, el mito que había derrotado al cáncer y al Tour, con el dopaje. La UCI no vio motivos para sancionarlo, pero el flujo de la investigación en los asuntos oscuros de Armstrong, no cesó de aumentar. Hace unos meses, después de que la fiscalía de California archivara una primera investigación penal contra Armstrong en febrero pasado, la USADA asumió la investigación administrativa.

Mientras que sí que contó con el apoyo pleno de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), que periódicamente recuerda que la USADA tiene jurisdicción plena para perseguir el caso, la agencia norteamericana prefirió no solicitar el apoyo de la UCI, organismo del que desconfía. La razón principal, aparte del archivo del caso de la orina congelada, está contenida en el email con el que Floyd Landis (excompañero de Armstrong, ciclista desposeído por dopaje del Tour de 2006) reactivó en la primavera de 2010 la caza a Armstrong, quien había regresado al ciclismo un año antes (tercero en el Tour, su octavo podio). En aquella carta, Landis, aparte de ofrecer detalladas informaciones sobre el dopaje en el equipo, también revelaba que la UCI había pasado por alto un positivo por EPO de Armstrong en el Tour de Suiza de 2001. Landis recordaba cómo se lo contó Armstrong un día de confidencias. Aun negando los hechos, la UCI reconoció, por su parte, que había aceptado una contribución de varios miles de euros por parte de Armstrong para la lucha contra el dopaje, con lo que se habían comprado una máquina Sysmex para analizar sangre.

“Es un tramposo”, concluye la AMA

La Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) emitió ayer un comunicado en el que relaciona los motivos por los que sanciona a Lance Armstrong. La institución asegura que el ciclista tejano poseyó y utilizó y/o intentó utilizar “sustancias prohibidas y/o métodos prohibidos, incluyendo EPO, transfusiones sanguíneas, testosterona, corticosteroides y agentes enmascaradores”. Además, afirma que poseyó “equipamiento [para realizar transfusiones sanguíneas], como agujas, bolsas con sangre, recipientes y otro material de transfusión y material para la medición de los parámetros sanguíneos”; que traficó con “EPO, testosterona y corticosteroides” y que administró y/o intentó administrar “a otros” EPO, testosterona y cortisona.

Antes del comunicado de la USADA, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ya había hecho pública su posición: “Negar los cargos solo puede dejar la interpretación de que [Armstrong] es un tramposo”, dijo John Fahey, su presidente. “Tenía derecho a defenderse de los cargos, pero no lo ejerció. La única interpretación a este comportamiento es que no había base para las alegaciones [de Armstrong]”, añadió.

Joseba Beloki, segundo clasificado en el Tour de 2002, sí apoyó al tejano. “Toda mi admiración hacia la persona de Lance Armstrong”, escribió en su blog.

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