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“Me encerré en mí misma”

Gloria Viseras habla en ‘Informe Robinson’ de su sentimiento de culpabilidad en una época que recuerda como una pesadilla

Gloria Viseras, durante la entrevista en ‘Informe Robinson’. Ampliar foto
Gloria Viseras, durante la entrevista en ‘Informe Robinson’.

Gloria Viseras fue una de las mejores gimnastas de España a finales de los 80. En diciembre denunció que su entrenador, Jesús Carballo, la había sometido a abusos sexuales desde que ella tenía 12 años y hasta los 15 y en mayo relató a EL PAÍS su historia bajo condición de anonimato. Informe Robinson emitió ayer un reportaje sobre esta historia en el que, por primera vez, Viseras relata su sufrimiento como deportista de alto nivel ante la cámara. Lo que sigue es un extracto de la entrevista que hizo para ese programa.

“Empieza con roces, te lleva a casa en el coche... Luego con los masajes en la sala que había abajo. Yo llegaba la primera, después las demás casi a la vez. Él me hacía esperarle con la puerta cerrada y ahí empezó todo... Esa sala siempre sale en mis pesadillas”, recuerda en el programa cómo empezó la tortura para esta mujer de 48 años que, según la denuncia, sufrió todo tipo de abusos hasta que dejó el equipo en 1981 y que no puede evitar las lágrimas al recordar esos días: “Me sentía totalmente culpable. Yo tenía lo que me merecía y ya está. Muchas veces me decía que Dios me iba a castigar por lo que estaba haciendo y eso me ha costado muchísimos años quitármelo de encima”. “A niñas con más autoestima o un carácter más fuerte les pegaba”, explica en otro momento; “a mí no me llegó nunca a hacer eso. No le hacía falta. Me hacía llorar solo con mirarme mal. A alguna de mis compañeras les pegaba. No mucho, porque era sibilino”.

En su reflexión ante las cámaras la exgimnasta también justifica su silencio durante todos estos años: “Todo lo que pasaba en el gimnasio no podía salir de allí”, continúa; “fue un proceso lento, pero muy claro. Esperaba a ver si se lo contabas a tus padres o no. Empezaba a probarte. No podíamos hablar con los chicos, luego con los hermanos y al final ni con los padres”.

Le cambió el carácter. “Me fui encerrando en mí misma, porque no entendía lo que estaba pasando”, asegura; “empecé a dejar de salir al recreo en el colegio. Para no tener que hablar con nadie. Luego Fillo [como se conoce a Carballo] llegaba y te decía: ‘¿Ya has estado con los chicos?’. Y tú te decías: ‘¿cómo lo sabe? ¿cómo lo sabe?’. Lo que más nos dolía era que te dejara e hiciera caso a otra. Era lo peor”.

Gloria Viseras asegura que Carballo creaba un clima de terror y de celos en los entrenamientos. “Hacíamos las cosas para agradarle a él, para que no se enfadara, para que no te ignorara o para que no te pegara”, ha declarado al programa. Y añade en otros momentos: “Querías ser la elegida”..., “él nos encelaba a una contra la otra. Hacía cariñitos a una y luego a otra”.

Para Viseras, que empezó su carrera internacional con 13 años y participó en dos Mundiales, unos Europeos y los Juegos de Moscú, la preparación de esta última competición, la más importante de su vida, supuso también los meses más difíciles. “Fue la época más dura. Nos concentraron en un hotel de Madrid día y noche. Yo siempre he dicho que lo que me ha salvado es que yo iba a dormir a mi casa con mis padres y hermanos”, asegura.

“A niñas con un carácter más fuerte les pegaba”, afirma sobre Carballo

Ella se lesionó en los Juegos y a su regreso a Madrid todo cambió. “Empezó a ignorarme, a machacarme psicológicamente”, recuerda; “conseguía recomponerme antes de que mi padre viniera a recogerme, pero un día no lo conseguí. Llegué llorando al coche y mi padre se fue a por él. No sé lo que pasó. Yo solo oía los gritos desde el coche y mi padre no me dejó volver”.

Tras una estancia en Bulgaria y una nueva lesión, dejó la gimnasia. Se trasladó a Estados Unidos. Se casó, tuvo hijos. Y hace un año empezó a digitalizar sus fotos de gimnasia —su padre era fotógrafo— a enviárselas a sus compañeras. Empezaron a hablar. “Me di cuenta de que no era la única, de que me creían. Nos entró el pánico”, explica sobre por qué acudió al Consejo Superior de Deportes y a la policía. Dice que tardó tanto en denunciarlo en parte por su familia y en parte porque siguió adelante con su vida. ¿Y por qué habla ahora? “Porque tengo que sanar. Tengo que sacarlo y tengo que seguir con mi vida. Tengo una hija de seis años y también tengo que hacer esto por ella y por otras niñas para que esto no le vuelva a pasar a nadie. Otras personas podrán contar su historia, pero no podrán contar la mía”.

El vídeo completo de Informe Robinson.

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