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España se desdibuja contra Alemania

La selección de Cadenas, completamente desfigurada en ataque (24-17), se queda sin el oro y deberá disputar el Preolímpico (7-10 de abril) para estar en los Juegos. Eslovenia, Suecia e Irán serán las rivales

Seguramente, con el tiempo y su debida perspectiva, la sensación sea bien distinta. Probablemente, más adelante esta última plata obtenida por la selección española de balonmano –12ª medalla en las dos últimas décadas– reluzca de un modo diferente, y no de esta forma grisácea. Es posible. Nadie puede negar que concluir como la segunda mejor selección del continente (por cuarta vez) es loable, un éxito más para el expediente. Sin embargo, España se marchó de Cracovia con un regusto amargo, sin haber sido capaz de competir en la final de tú a tú contra una robusta Alemania que le dominó de principio a fin, sin recibir réplica alguna.

Terminó la cita con la impresión de que este gran elenco de jugadores no ha ofrecido ni una 3ª parte de su potencial

Los de Manolo Cadenas cedieron (24-17) y España sigue sin saborear el oro europeo. Concluyó el Europeo en el que siempre deambuló con discreción, a excepción de la semifinal ante Croacia –finalmente bronce; 24-31 con Noruega –; terminó la cita con la impresión de que este fabuloso elenco de jugadores no ha ofrecido ni una tercera parte de su potencial. La derrota conlleva además un elevado peaje: la selección se quedó sin el billete para los Juegos Olímpicos de Río y deberá conseguir uno en la reválida del Preolímpico, entre el 7 y el 10 de abril, contra Eslovenia, Suecia e Irán.

Sabía de antemano España con qué iba a encontrarse, con un rival de lo más duro e intenso defensivamente, hasta el extremo. Ni una sola ofrenda, ni una concesión. Un dique que a la hora de sacar los brazos no duda y arremete. Alemania, en ese sentido, ha ido todo el campeonato de frente. Sin la jerarquía de otros tiempos, la receta es minimalista, pero la redacción es muy clara: agresividad y galopada. Schmidt, Lemke y Pekeler, el cinturón defensivo, marcó territorio en la zona de seis metros. Mientras, España se olvidó de los costados y se obcecó en atacar por el centro, pero no encontró ninguna grieta.

Aguinagalde se las tuvo tiesas con todos; su mentón, sacudido, puede dar fe de ello; también el costillar de Víctor Tomás, castigado en un vuelo. Sin embargo, la fórmula del pivote no funcionó y tampoco se disfrutaba a la carrera. Los Hispanos no lograron perforar la portería de Wolff hasta el minuto 7. Sin claridad ofensiva –solo tres tantos en 16 minutos–, los de Cadenas sí supieron al menos mantener el tono defensivo, aunque no aprovecharon las exclusiones de los alemanes y se perdieron demasiados balones; al menos siete en los 20 primeros minutos. Por si fuera poco, el meta Wolff sostuvo niveles superiores al 50% durante todo el primer periodo (48% al final).

No encontraba luz España ni lograba invertir la dinámica. Se le esperaba a Cañellas, muy motivado al enfrentarse a su país de acogida, pero el lateral del Kiel continuó en la penumbra. No había claridad y Alemania cada vez se encontraba más cómoda. Cadenas buscó variantes con la presencia de Dujshebaev y Ugalde, pero ni por esas. Se produjo un vacío de cinco minutos en el que los Hispanos no anotaron y su rival cerró el primer periodo con cuatro goles de renta a su favor (10-6). Ese era el consuelo, la esperanza; pese a niebla de la primera media hora, la llama de la final seguía viva.

La aportación de los extremos fue muy baja, el tiro de media distancia no existió y los pivotes se quedaron secos

Sin embargo, en el segundo acto todo transcurrió por la misma senda. España continuó irreconocible cuando enfocaba la portería contraria, desfigurada. A los 45 minutos solo había acumulado nueve goles, cuando en el estreno en el torneo, frente a esta misma Alemania, envió 32 veces el balón a la jaula. En ningún momento dio la sensación de que pudiera voltear la escena. Basta con echar un vistazo a las cifras: la aportación de los extremos quedó reducida a cinco goles –cuatro de ellos de Víctor Tomás–, se volvió a adolecer de pegada desde media distancia –entre Maqueda, Cañellas y Antonio García lograron solo tres goles– y los pivotes –Aginagalde y Baena– se quedaron secos, a cero.

Al otro lado, una estampida de bisontes. Sostenida por el joven e inmenso Wolff –33 paradas a 48 lanzamientos–, Alemania golpeó por tierra, mar y aire, con Häfner (7) y Dahmke (4) como cabecillas. Tiene mérito la obra final de Dagur Sigurdsson. Enmendó un equipo castigado por las bajas y ha dado alas a un puñado de jóvenes que apuntan alto. Desde 2007, cuando conquistaron su tercer oro mundial, los alemanes no habían probado bocado. A España sí le hincaron el diente... Y a base de bien.

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