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Augusto impacta en el Atlético

La rápida recuperación del mediocentro argentino y su capacidad para robar

y jugar sorprende en el vestuario y en el club

En la previa del partido de Liga de Campeones en Eindhoven, Diego Pablo Simeone ya dejó entrever que Augusto Fernández (Argentina, 1986), solo tres semanas después de haber sido operado de una rotura parcial del ligamento de su rodilla derecha, estaba para jugar. “Se ha entrenado bien y si ha viajado es porque está apto. Solo lleva 20 días sin jugar”, dijo el técnico cuando fue preguntado por su posible alineación. En el ambiente entre la prensa estaba si no era demasiado precipitada esa reaparición exprés en un partido de máxima intensidad. Sin embargo, desde que empezó el trabajo de recuperación Augusto le transmitía al cuerpo técnico y al club que llegaría al partido de Eindhoven. Los propios recuperadores del Atlético también apreciaron desde que empezaron a tratarle que el convencimiento del jugador en su acelerada recuperación tenía fundamento.

En Eindhoven, la prudencia pareció imponerse y Simeone finalmente no alineó a Augusto en el Philips Stadion. El técnico prefirió reservarlo para el derbi del Bernabéu, donde le concedió la titularidad. La actuación del mediocentro argentino impactó en el vestuario y en el club. “Pidió el cambio porque ya estaba reventado, pero se marcó un partido tremendo”, admite un directivo. Alineado junto a Gabi de doble cinco, sus estadísticas registraron 25 pases buenos sobre un total de 29 y seis recuperaciones sin una sola falta cometida.

Las prestaciones de Augusto han sorprendido a algunos miembros de la plantilla que esperaban a un jugador con más querencia a jugar que a destruir. Sin embargo, se han encontrado con un volante central que parece disfrutar tanto con el toque como con el quite. “Yo no lo conocía, sabía lo que se había hablado de él. Nos da mucha tranquilidad a la hora de jugar y marca mucho”, reconoce José María Giménez. El central uruguayo era de los que pensaba en ese Augusto con más perfil de armador que de destructor de juego. “Pensé que era un jugador de puntilla de pie (toque) que jugaba, más que marcaba, pero le ves y mete como un caballo. Es uno más para marcar y para jugar porque es muy inteligente”, abunda Giménez.

 

“Pensé que era un jugador de puntilla de pie (toque) que jugaba, más que marcaba, pero le ves y mete como un caballo"

Giménez, jugador del Atlético

Madurez para el puesto

 

En una entrevista concedida a este periódico antes de fichar por el Atlético, Augusto explicaba su disfrute en una posición que apenas había ocupado hasta que llegó al Celta y Berizzo le reconvirtió de extremo a mediocentro. “Es un puesto acorde al momento de mi carrera, ya con 29 años, con la edad y con la experiencia que tengo. Demanda mucha responsabilidad sin balón, porque del mediocentro depende el equilibrio del equipo, y con balón porque eres el que tiene que dar el primer pase, la salida limpia para que la profundidad arriba sea bien explotada”, explicaba. “En el medio son movimientos más cortos pero más dinámicos. En la banda se hacen más metros con más intermitencia. En el medio el movimiento es constante y explosivo. En la banda son más largos pero hay más tiempo de descanso porque cuando el balón está en el otro lado puedes cerrar y regular. En el medio no hay respiro”, decía sobre su adaptación física a una posición más exigente que la de extremo.

Augusto fue contratado por el Atlético en el mercado invernal para suplir la baja por lesión de Tiago. Por entonces, Simeone parecía haber dado con un dibujo estable, el 4-1-4-1 y no veía ni a Koke, ni a Saúl jugando solos por delante de los centrales. La operación supuso un despecho para el Celta y para su entrenador, Eduardo Berizzo, que no se saludó con Simeone la primera vez que se encontraron en Vigo al poco de confirmarse el traspaso. “Augusto es una llegada importante, que nos da variantes en la mitad de campo porque, más allá de que está jugando como mediocentro bajo, ha jugado en distintas posiciones en el medio y eso nos va a dar alternativas”.

En la cabeza de Simeone hay un centro del campo que se antoja intocable para las grandes citas de la Liga y de la Liga de Campeones que le quedan de aquí al final de temporada. Koke, Augusto, Gabi, y Saúl se perfilan como un cuarteto que puede adaptarse a varios dibujos dependiendo del rival y de lo que suceda en los partidos. Las rotaciones pueden llegar en los partidos de casa, donde los rivales se cierran y le entregan el campo y la pelota. Ahí, la figura de Óliver Torres ha vuelto a tomar fuerza.

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