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Zidane insinúa que el Madrid despedirá jugadores

Las reiteradas declaraciones del técnico anunciando “cambios” alarman a la plantilla

Reunidos en el camerino, los jugadores del Madrid escucharon la alocución de Zinedine Zidane tras el derbi, el sábado pasado, y le vieron dirigirse hacia el patio del Bernabéu seguros de que camino de la sala de conferencias discutiría con dirigentes del club lo sucedido y cómo comunicarlo al exterior. Los testigos consultados refieren que el clima en el vestuario no era solo de abatimiento por el partido perdido (0-1). Era de suspicacia. De intriga ante lo que manifestaría el francés públicamente después de sufrir su primera derrota como entrenador de la primera plantilla. Algunos temían que se sumara a la corriente que, de forma regular desde 2010, impulsa a la directiva a señalar a los futbolistas como responsables principales de los fracasos. Conectados a la web y a la tele, los jugadores siguieron la comparecencia alarmados ante lo que pudiera inferir una afición cada vez más crispada. No tardaron en sobresaltarse. Al minuto de intervención Zidane pronunció la palabra fatídica. “El próximo año habrá cambios”, advirtió. En la jerga de los empleados balompédicos, “cambios” es el eufemismo que encubre los despidos.

Los jugadores se preocuparon tanto al oír a su técnico que apenas dieron importancia a las exasperadas palabras de Cristiano afirmando que si todos estuvieran a su nivel el Madrid sería líder. “Son las cosas de Cris”, comentó un colega del portugués, recordando que el goleador es tan exagerado como ingenuo. Lo verdaderamente inquietante, según un miembro del plantel, fue el discurso de Zidane. No solo no defendió a sus subordinados sin fisuras. Además de anticipar “cambios” inexorables los criticó por no “correr más”.

El desengaño de parte de la plantilla con el que hasta hace poco era considerado un líder moral supuso un golpe más duro que la derrota. El convencimiento de que Zidane es más leal al presidente Florentino Pérez que a sus futbolistas le ha aproximado a la consideración que la mayoría tenía de Benítez. El domingo, el lunes y el martes fueron días de reflexión en Valdebebas. Hubo charlas. Hubo reuniones. Incluso hubo un ambiente correcto. Zidane les animó con arengas sentidas y cuando se metió en los rondos jugó mejor que nadie. El respeto a su clase pervive. Pero la credibilidad del entrenador ha disminuido entre sus discípulos. La publicación este martes en los medios deportivos madrileños de noticias que amenazan con el despido de jóvenes como Isco y James, o cuestionando la continuidad de veteranos como Cristiano y Ramos, no ayudó a disipar el clima de incredulidad.

Programa de estímulo

Zidane permanece indiferente. No se sabe si por desconocimiento o porque ha diseñado un programa deliberado de provocación o estímulo de unos futbolistas a los que considera adormecidos. El técnico insistió ayer, antes de viajar a Valencia para enfrentarse hoy al Levante (21.00, Canal+ Partidazo), en pronunciar la palabra que tanto molesta a los futbolistas. Primero, ahondó en los tópicos del discurso que explica el mal juego en la falta de carácter combativo. Para culminar su aparición recordó que el próximo verano habrá “cambios”.

“Es verdad que han pasado cosas y siempre pasarán cosas, y más todavía en este club”, señaló, redundante y esotérico. “Pero lo importante es estar todos unidos y pensar en el partido contra el Levante, y luego el del sábado [contra el Celta], y luego lo que venga de la Champions. Al final de temporada seguramente habrá cambios. Pero tenemos la obligación de dar el máximo”.

Resultó curioso escuchar al apóstol de la poesía futbolística insinuar el advenimiento de lo más próximo a un expediente de regulación de empleo en el Madrid. Como apelando a la cohesión, Zidane, que tiene contrato hasta 2019, recurrió a la manida imagen naval: “Estamos todos en el mismo barco y yo el primero porque soy responsable de todo esto. Lo que tengo que hacer es buscar soluciones para que James juegue mejor, para que Pepe juegue mejor, para que Benzema y Cristiano jueguen mejor...”.

El desengaño de algunos jugadores con el francés supuso un golpe más duro que la derrota del derbi

El fútbol es pródigo en frases hechas y expresiones propias cuya utilidad consiste en explicar el arcano. En los años noventa, cuando un equipo jugaba mal, los charlatanes de la época argumentaban que había que “meter la pierna”. Ahora, para decir lo mismo, hablan de “falta de intensidad”. Los dos conceptos destacan por su eficacia demagógica. Suponen una sentencia contra la presunta holgazanería de las estrellas. Lo cierto es que Zidane recuperó la vieja expresión —menos presuntuosa y más rica en matices, todo sea dicho—, cuando ayer señaló que sus jugadores pecaron de inhibición por no “meter la pierna”.

“Nosotros estamos muy bien físicamente”, dijo, sonriente y cordial. “No perdimos contra el Atlético por eso. Pero cuando tenemos un balón dividido tenemos que meter la pierna. Cuando pierdes más duelos que el contrario seguramente vas a perder el partido. Fue un problema de actitud”.

Si los futbolistas del Madrid albergaban alguna duda, está despejada. Se avecinan cambios. Ganen o pierdan la Champions.

 

 

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