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Nadie volvió como Federer

Ningún tenista moderno había vuelto a ganar un Grand Slam con 35 años y después de cinco sin títulos

Roger Federer desafió las estadísticas con su victoria en Australia. Volvió a ganar un Grand Slam con 35 años y después de cinco temporadas de sequía. Lo segundo es raro y lo primero hace décadas que no pasaba, pero nadie antes de Federer había hecho las dos cosas al mismo tiempo.

Con 35 años no se ganan Grand Slams. En la Era Open solo había una excepción, Ken Rosewall, que a principios de los setenta se llevó tres torneos con 35, 36 y 37 años. El español Andrés Gimeno se quedó cerca y ganó Roland Garros con 34 años, también en los setenta.

Ganar con más de treinta años ya es extraordinario: desde 1968 ha ocurrido una decena de veces, apenas el 5% del total. Desde 2000 solo dos ganadores había superado los treinta: Pete Sampras ganó su último título con 31 años y Andre Agassi con 33. Dos años más tarde, en 2005, Agassi llegó a jugar otra final del US Open, pero la perdió contra un joven Roger Federer. El suizo rondaba los 25 años, que es la edad habitual: la mayoría de ganadores de Grand Slam no han cumplido los 26 años.

Aún más infrecuente es volver a ganar tras cinco años sin títulos. Antes de Federer solo tres jugadores ganaron otro Grand Slam después de tanto tiempo: Arthur Ashe (1975), Boris Becker (1996) y Marat Safin (2005). Pero ni eran tan mayores como el suizo ni tenían tampoco su palmarés.

Ninguno de los otros cuatro tenistas con más Grand Slams ha tenido un regreso como el de Federer. Borg tuvo una carrera corta y sin pausas. Nadal ganó consistentemente desde 2005 hasta 2014. Djokovic necesitó tres años para ganar su segundo título, pero eso fue al principio de su carrera. El único que cerró su vitrina con un regreso fue Sampras en 2002. La temporada anterior la había pasado en blanco y se presentó al US Open sin ser favorito. Ganó la final frente a Agassi, por entonces otro veterano, y sumó su último gran torneo.

Un escalón más abajo sí encontramos regresos espectaculares. Boris Becker ganó su último gran título, el Open de Australia de 1996, después de cinco años en blanco. La diferencia con Federer es que Becker todavía era joven por entonces: tenía 28 años.

Por eso el regreso más épico quizás sea el de Andre Agassi. Entre 1992 y 1995 el norteamericano había ganado tres títulos y alcanzado el número uno del mundo. Al año siguiente se quedó en blanco y en 1997 apenas compitió, envuelto en problemas físicos y personales que el mismo ha contado sin tapujos en su fantástica biografía. Agassi llegó a caer hasta el puesto 141 del ranking mundial. Pero regresó. En 1999 ganó Roland Garros y el US Open.

Antes de la final de Australia, Roger Federer era el mejor jugador de la historia del tenis por su dominio y por su trofeos. Ahora lo es también por su longevidad y aún más por su paciencia. En su regreso hay una pregunta que quizás ni él puede responder: si ya eres el más grande de la historia, ¿por qué sigues jugando durante cuatro años vacíos de grandes victorias?

La victoria de Federer y el regreso de Nadal reflejan además otro fenómeno del tenis moderno: un puñado de jugadores lo ganan casi todo. En los setenta y los ochenta había más competencia, con una decena de jugadores ganando dos, tres o cuatro grandes torneos en sus carrera. Desde 2000 las victorias están muchísimo más concentradas en unos pocos: Federer, Nadal y Djokovic han ganado el 80% de los Grand Slams desde 2005. De los cuatro jugadores con más títulos de la historia, tres están en activo.

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