Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

La irresistible huella de Seve en Augusta

El golfista español habría cumplido 60 años este domingo de un Masters que ganó dos veces

Ballesteros, en Augusta en 2007.
Ballesteros, en Augusta en 2007. EFE

Hay muchos públicos en Augusta y Severiano Ballesteros aguantaba a pocos. Ni a los patanes que llenan el Hooters por las noches y siguen los partidos con grandes vasos de cerveza y grandes voces, ni a los remilgados que estos días aplauden a Sergio García porque el chico ha cambiado, ha madurado, no se queja. Tampoco a ellos les gustaba el Seve que como un huracán irreverente llegó a finales de los setenta desde un lugar remoto para cambiarlo todo, iconoclasta emotivo y obstinado, un genio. Había periodistas que le llamaban Steve, y él creía que lo hacían para hacerle rabiar, porque también se reían de su inglés de piel roja y de su estilo directo de hacer las cosas.

Las mujeres, no; las chicas en Augusta estábamos todas enamoradas de él, como nuestras madres lo estaban de Arnie, ah, Seve”, no puede dejar de suspirar una mujer que, cercanos los 60, se ha prestado voluntaria para llevar en bugui a los periodistas de la sala de prensa al campo y cuando se entera de que lleva a un grupo de españoles solo sabe decir Seve. “Ah, su melena, su pasión, sus ojos, su sonrisa eterna, un sex symbol… Seve era todo lo contrario a todos los golfistas de por aquí”.

A Arnold Palmer 25 años antes sí le habían aguantado y le habían aplaudido pese a que apareció con el mismo ímpetu, con el mismo afán rompedor. Arnie era de los suyos. Seve era español y un dios entre los británicos, que le aclamaban y lo amaban, y que había ganado su Open, y llegaba a Estados Unidos como un conquistador, con la espada por delante. Tampoco le ayudaba el ardor guerrero con que guiaba a Europa en los encuentros de Ryder Cup, a los norteamericanos abusones, ni agua, solo golpes. Ganó el Masters de 1980 por goleada. El sábado, después de 54 hoyos, sacaba siete golpes al segundo; llegado al décimo hoyo el domingo, aventajaba en nueve al segundo, Fue el primer europeo que lo conseguía, el segundo no norteamericano después de Gary Player. Era el jugador más joven de la historia con dos grandes en su bolsillo. Severiano Ballesteros tenía 23 años. Hoy habría cumplido 60 si no hubiera muerto hace seis, el 7 de mayo de 2011.

Seve ganó dos Open más y también el Masters de 1983.

Podría estar jugando este fin de semana como lo hacen Fred Couples, rival tremendo en los partidos de Copa del Mundo, o como lo hace Larry Mize, quien hace 30 justamente, en 1987, ganó su Masters derrotando a Seve y a Greg Norman en un playoff con un chip que nadie olvida. Los viejos son bienvenidos en Augusta, que empezó a adorar a Seve solo los años de su decadencia, cuando empezó a envejecer como golfista. Entonces, cuando se sabía que solo podría jugar dos rondas pues no pasaría el corte, los espectadores se amontonaban detrás de las cuerdas para seguir sus partidos.

Era como ir a un concierto en el que Mozart en persona improvisara en directo con su piano. El lema irónico de Seve era que yendo solo por la calle el golf era muy aburrido, que era mejor las fugas y los extravíos desde el tee que permitían sus golpes mágicos, los golpes con los que llegaba al green desde lugares insospechados a través de lugares que solo él veía gracias a golpes que solo él podía imaginar y también ejecutar. Lo de compararlo a Mozart es idea del norteamericano Tom Lehman, el ganador del US Open de 1996 y uno de sus más duros rivales en la Ryder. “Era como la escena de Amadeus en la que Mozart, enfermo, le dicta a Salieri las notas de su Réquiem, y este pone cara de no entender, de no saber por dónde quería ir Mozart”, le decía Lehman al periodista inglés John Hopkins. “Todos los demás somos Salieri: ninguno éramos capaces de imaginar lo que pasa por la cabeza de Seve, el genio, y mucho menos hacerlo”.

Sin el valor de Seve, sin sus victorias que demostraron que los americanos, otro mundo, no eran imbatibles, no habría llegado José María Olazabal, 10 años después, a ganar dos chaquetas verdes, y tampoco Sergio García y Jon Rahm habrían entrado al fin de semana de 2017 entre los seis primeros del Masters, con posibilidades de victoria. García empezó el sábado como líder con -4 y Rahm estaba en -1.

De todos los hijos golfísticos de Seve (Olazabal podría ser su hermano pequeño) es Rahm el que más abiertamente reconoce su herencia, quien quizás, plantado ante la bola con un hierro en la mano se pregunte siempre, ¿qué habría hecho Seve aquí? Con alegría el jueves, Rahm envió su drive desde el tee del uno a los bosques, de donde salió con un golpe extraordinario hasta el green. “Fue mi homenaje a Seve”, dijo Rahm. “Y espero que el domingo, desde ahí arriba, nos ayude como hizo con la Europa de la Ryder en Medinah en 2012...”.

Más información