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Luka Pibernik celebra el triunfo de la quinta etapa una vuelta antes del final

El debutante esloveno levantó los brazos en señal de victoria cuando aún quedaban 6,3 kilómetros por delante

Pibernek alza los brazos a falta de una vuelta para el final.

El  debutante esloveno Luka Pibernik, 23 años, creyó haber ganado la quinta etapa del Giro, pero eso nunca ocurrió. Aún estando en terrenos de Fata Morgana, la que hace errar con visiones falaces a los navegantes en el estrecho, la victoria clara del Gaviria, su segundo sprint ganador en el Giro tras el del domingo en Cagliari, otra ciudad isleña y portuaria, no tuvo nada de espejismo, un efecto que sufrió, como un coitus interruptus, el joven (23 años) debutante esloveno Luka Pibernik. Pibernik es compañero de equipo del rey del lugar, el Vincenzo Nibali llamado el Squalo dello Stretto (El tiburón del estrecho) porque nació y se crió en la Messina siciliana, y, motivado, arrancó con decisión tras la vuelta al ruedo que devolvía al pelotón a la longilínea vía Garibaldi, la larguísima recta de meta.

Pasó destacado bajo la pancarta del último kilómetro Pibernik y cruzó destacado la meta, y, sordo al tintineo de la campana que advertía de que quedaba una vuelta al circuito, levantó los brazos en éxtasis feliz, como corresponde. Pero, inmediatamente, se percató, como quien recibe una ducha fría que le vacía el ánimo, de que nadie acudía a felicitarle, ni cámaras, ni fotógrafos, ni periodistas. Peor aún, pocos segundos después, el pelotón le adelantó indiferente a toda velocidad. A la etapa le quedaban aún 6,3 kilómetros. Como comprobó el joven esloveno, el espejismo de la victoria puede a veces ser peor que la constatación de la derrota.