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Barcelonismo de pandereta

Al Piqué populista, al que denuncia hilos indemostrables en palco ajeno y calla ante los tejemanejes evidentes del propio, no lo reconozco

Piqué, Ramos y Messi en el Camp Nou en 2015.
Piqué, Ramos y Messi en el Camp Nou en 2015. AP

Dice Piqué que no le gustan los valores que transmite el Real Madrid, una preocupación bastante lógica si tenemos en cuenta su condición de padre. El suyo es el típico caso de progenitor preocupado por la correcta educación de sus hijos, siempre alerta ante los estímulos negativos que puedan torcer a la prole y en constante desvelo frente a las amenazas exteriores que desafíen la felicidad del reino. Las apreciaciones del central catalán sobre el espíritu pedagógico del máximo rival gustarán más o menos pero nadie puede negarle su derecho a aborrecer cuanto le plazca e instruir a sus cachorros en los códigos que considere convenientes.

Más discutible, sin embargo, resulta su empeño por denunciar medias verdades sin aportar una sola prueba, otra demostración de ese barcelonismo de pandereta que no hace ningún bien al club que asegura amar y defender. A mí también me gustaría creer que los problemas judiciales de Leo Messi y Neymar no son más que un intento desesperado de un vil archienemigo por entorpecer la era dorada del Barça, un contubernio sombrío en el que se derrama sangre sobre cromos Panini de nuestros genios para luego quemarlos sobre la palma de la mano. Sin embargo, por goloso y novelesco que resulte el artificio, poco o nada tienen de verdad las palabras de Piqué sobre la supuesta sumisión de la justicia a los designios divinos del palco del Bernabéu, sospecho.

En el caso del argentino, fueron él o sus representantes legales los que rápidamente consignaron la cantidad que le reclamaba la Agencia Tributaria: un hecho objetivable y que deja de manifiesto la asunción del error- llamémoslo así- cometido. Sobre el conocimiento o no de Leo Messi en las argucias tramadas por su gente de confianza para evadir impuestos se pronunciará el Tribunal Supremo en próximas fechas. Conviene advertir que la única ley que conozco al detalle es la de la botella (quien la tira va a por ella) pero me cuesta vislumbrar la mano negra de Florentino en todo este asunto a pesar de que, créanme, lo intento.

En el caso de Neymar, las insinuaciones de Piqué sobre una presunta y malintencionada injerencia de Marta Silva, hasta hace pocas fechas Abogada General del Estado y reconocida seguidora del Real Madrid, resultan todavía más delirantes. Fue un socio responsable y preocupado por los intereses del club de sus amores, Jordi Cases, quien llevó el fichaje de Neymar ante la justicia. Y fue el presidente del Fútbol Club Barcelona, Josep María Bartomeu, quien aceptó un pacto con la fiscalía para exonerarse personalmente de cualquier responsabilidad y achacar a la entidad dos delitos fiscales. Además de esto, una tercera parte implicada en el traspaso ha decidido interponer una querella por fraude al futbolista y a su padre, pleito del que no forma parte la Abogacía del Estado.

Admiro profundamente al Piqué futbolista y disfruto enormemente con el Piqué tuitero, ese troll hermoso y sonriente capaz de sacar de sus casillas a todo el madridismo con un par de emoticonos. Al Piqué populista, al que denuncia hilos indemostrables en palco ajeno y calla ante los tejemanejes evidentes del propio, no lo reconozco. Pedir disculpas sería una lección fantástica tanto para sus hijos como para todos aquellos niños que observan al ídolo como un modelo a seguir pero no lo hará: es inteligente, aspira a presidir el Barça algún día y él, mejor que nadie, sabe cómo funciona esto.

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